y la Mercadotecnia Encantada
Aquí es donde entra la máquina de las relaciones públicas y la mercadotecnia. Rowling había ganado varios prestigiosos premios literarios en Inglaterra, al grado de ser la envidia de autores con más años y experiencia. Entre Bloomsbury y Scholastic se dedicaron a enviar La Piedra Filosofal, seguida casi inmediatamente de Harry Potter y la Cámara Secreta, a los críticos literarios más influyentes tanto de Inglaterra como de Estados Unidos, quienes no pararon de escribir reseñas sumamente halagadoras sobre la serie. Aunado a esto, hicieron que los libros fueran fácilmente accesibles al público en general, colocándolo tanto en bibliotecas públicas como en escuelas, donde los mismos niños se encargaron de recomendar los libros a sus compañeros y maestros de escuela, quienes se lo recomendaba a otros maestros y sus amigos. Conforme crecían los tirajes de Harry Potter, colocaban más libros al alcance de los niños y adultos organizando lecturas en bibliotecas, librerías y tiendas especializadas en cómics.
Cabe señalar que el fenómeno de ventas de Harry Potter no se hubiera logrado sin otros dos factores: un importante mercado de adultos fanáticos de las aventuras de Harry Potter que se seguía expandiendo, y el fenómeno de ver a niños devorando los libros de la serie, algo inaudito en esta época.
Para cuando apareció el tercer libro en 1999, Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, la serie oficialmente había alcanzado el estatus de fenómeno al haber vendido más de 3 millones de libros a nivel mundial. Las editoriales en otros idiomas empezaron a publicar las aventuras del joven mago con gran éxito. Y aquí apareció otra genialidad: la tímida J.K. Rowling comenzó a dar entrevistas en las que anunciaba que la serie llegaría a los 7 libros, en los cuales morirían varios personajes, probablemente incluso Harry. Los fanáticos no cabían en sí de la emoción.
El género de fantasía de pronto había dejado de parecerle algo “infantil” a las grandes empresas, particularmente las productoras cinematográficas. Tras intensas negociaciones por los derechos de Harry Potter, Warner Bros. se quedó con la franquicia, no sin antes aceptar las condiciones de Rowling, quien impuso la regla de que solamente actores ingleses participaran en la filmación de la serie, e incluso vetó a ¡Steven Spielberg! quien insistió en que Harry fuera interrpretado por Harvey Joel Osment (¿se acuerda de él? Era el escuincle odioso que veía “gente muerta”). En el 2001, en franca competencia con la adaptación de Peter Jackson de El Señor de los Anillos, se estrena la película de Harry Potter y la Piedra Filosofal, la cual recaudaría $976 millones de dólares. Ya no estamos hablando de dinero de mentiritas.
Parte del éxito de la serie ha sido mantener muy separada la mercadotecnia de los libros frente a la monstruosa promoción de los estudios de Hollywood, algo que se ha tenido muy en claro desde el principio. Para que no desvaneciera el hechizo de Harry, cada lanzamiento de un libro de la serie iba acompañado por una astuta promoción desde un año antes, en la cual se anunciaba el título del nuevo libro y solamente se daban detalles tales como si algún personaje importante iba a morir (claro, nunca decían qué personaje era el que pasaba al más allá). Entonces se le permitía a los lectores especular libremente sobre el contenido del nuevo libro a través de blogs y páginas de internet (una búsqueda de Harry Potter en Google arroja ¡139,000,000 resultados!) creando aún más expectativas sobre el nuevo título que permeaba en todos los medios de comunicación.
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