y la Mercadotecnia Encantada
La chica del cabello rubio miraba por la ventana del tren hacia el paisaje de las afueras de Manchester. Las montañas se dibujaban de verde pálido contra el cielo gris y lluvioso. A pesar de haber hecho el viaje a Londres innumerables veces, el aburrimiento estaba lejos de su cabeza y en su lugar imaginaba lo emocionante que sería para un niño el descubrir que él es un mago y que en realidad existe un mundo lleno de magia del cual no sabía nada. ¿Y dónde puede aprender un niño a usar la magia? Pues en Hogwarts, por supuesto. Harry Potter acababa de nacer.
Joanne Rowling, como se llamaba la chica del cabello rubio, tardó cinco años en completar su primer libro, Harry Potter y la Piedra Filosofal. Cuentan las leyendas que a principios de los 90 la joven madre soltera solía pasar horas escribiendo en una vieja máquina de escribir dentro de varios cafés de Edimburgo, con su hija de un año plácidamente dormida cerca de ella. Cuando finalmente completó el manuscrito, este fue rechazado por 12 casas editoriales (¿cuántos de estos genios seguirán trabajando ahí?), hasta que Alice Newton, la hija de 8 años del dueño de la pequeña casa editorial Bloomsbury leyó el primer capítulo e inmediatamente le exigió a su padre el resto del libro.
Bloomsbury no lo sabía, pero acababa de firmar a quien se convertiría en la autora mejor vendida del mundo con un adelanto de tan solo £1,500 libras esterlinas. La primera decisión que tomaron fue cambiar su nombre de Joanne a J.K. Rowling, pues temían que los niños no se sintieran atraídos por un libro de fantasía si sabían que la autora era mujer. En 1997, con un primer tiraje de mil ejemplares, el agente de Rowling, Barry Cunningham, le sugirió que se consiguiera un empleo más estable, pues iba a ser difícil ganar dinero escribiendo libros para niños. Los ejemplares del primer tiraje de Harry Potter y la Piedra Filosofal ahora se cotizan en £ 25,000 libras esterlinas.
¿Cómo fue que la serie de Harry Potter se convirtió en la obra más vendida del mundo? Algunos podrían decir que por arte de magia, pero en realidad se trató de una combinación de factores:
Un mercado olvidado (literatura infantil y de fantasía)
- Un producto innovador y de calidad (Harry Potter)
- Un novedoso plan de relaciones públicas y mercadotecnia
Para 1997, el mercado de la literatura fantástica e infantil era prácticamente inexistente, al grado que clásicos como Las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis y El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien languidecían en las librerías del mundo entero. Este mercado había sido retomado por las editoriales de cómics, las cuales habían crecido en tamaño e influencia, e incluso se adelantaron a la aparición de Harry Potter con la publicación de The Books of Magic de Neil Gaiman, donde un niño (idéntico en todo a Harry Potter) descubría que era el mago más poderoso del Universo DC (más al respecto aquí). Sin embargo, las grandes casas editoriales preferían manejar libros “serios” para adultos aún más serios. Y los niños pueden conformarse con ver la televisión.
Cuando Bloomsbury publica La Piedra Filosofal, lo hicieron principalmente porque vieron un gran potencial en la obra, además de que no había nadie más en el mercado publicando libros destinados a un público de los 8 a los 14 años. La apuesta por Harry funcionó y muy pronto la enorme editorial norteamericana Scholastic Inc. tocaría a sus puertas, abriéndoles el mercado de los Estados Unidos casi simultáneamente.